lunes, 22 de diciembre de 2008

UNA BIBLIOTECA

UNA BIBLIOTECA (I)

Durante esta última semana, aprovechando una temporada de calma, he ordenado la biblioteca. Siempre ocurre lo mismo cuando termino de escribir un libro, sea el que sea; en los últimos días no conoces ni a tu familia, ni a tus amigos más íntimos, ni a nadie. Bajas a la mina cada día, o no sales de ella ni para dormir, como un picador del pozo María Luisa, dale que te pego. Vives obsesionado con darle a la tecla y terminar de una vez; y el material que utilizas, los libros que consultas y las nuevas adquisiciones, se acumulan por todas partes, esperando una tregua para su sitio exacto. Porque amén de la utilidad que reporte, un libro tiene su dignidad, y no puede ir en cualquier parte y de cualquier manera; requiere compañía y lugar adecuados. Nabokov puede ir junto a Conrad, tal vez, pero no junto a Cervantes; y Stendhal puede avecinarse con Heine y con Lampedusa, pero nunca con las Crónicas de Froissart, con Moratín o con Plutarco. Cada cual es cada cual. A veces algún lector escribe pidiendo la recomendación de un libro clave, o que el arriba firmante considere como tal; y no falta quien solicita un canon de obras fundamentales -imprescindibles, es la estúpida palabra de moda en ciertos suplementos literarios-. Siempre me niego, porque eso de las obras fundamentales depende mucho del gusto de cada uno; y libros que a ti te cambian la vida pueden pasar, para otro, sin pena ni gloria. De cualquier modo, mientras colocaba y reordenaba los libros estos últimos días, hubo, como siempre, un par de centenares de títulos y autores donde la vista y las manos se me demoraban más que en otros, por diversas razones. Y de pronto me he dicho: por qué no. Por qué no decir cuáles son, y si a alguien resultan útiles, pues me alegro. La relación, que no es exhaustiva, sí resulta en cambio desordenada y larga: tal vez ronde los ciento cincuenta títulos, de modo que, metidos en faena, contársela me llevará esta semana y la próxima. Así que quien no esté interesado por el asunto puede pasar mucho de calzarse esta página, hoy y la semana que viene. Última advertencia: los libros no figuran por orden de importancia; y faltan, porque no los recuerdo ahora o porque no me lo parecen, muchos otros. Pero, ya que de algo tan personal se trata, esta lista de Schindler resulta tan buena como otra cualquiera. A ver por qué ha de ser menos válida que la que se fabrican cuatro compadres bobalios para darse coba unos a otros en los cursos de verano: El Quijote (Cervantes). La Odisea (Homero). La Eneida (Virgilio). Vidas paralelas (Plutarco). Obra completa (Francisco de Quevedo). Obra completa (Jorge Manrique). La Biblia. La Divina Comedia (Dante). Fausto (Goethe). Episodios nacionales y novela completa (Pérez Galdós). Obra completa (Pío Baroja). Moby Dick (Melville). Teatro completo (Shakespeare). La montaña mágica (Thomas Mann). Los tres mosqueteros (Dumas). En busca del tiempo perdido (Marcel Proust). El rojo y el negro (Stendhal). La regenta (“Clarín”). Cuadros de viaje (Heinrich Heine). Expedición de catalanes y aragoneses contra turcos y griegos (Francisco de Moncada). Las relaciones peligrosas (Choderlos de Laclós). El ruedo ibérico (Valle-Inclán). Ana Karenina (Tolstoi). Crimen y castigo (Feodor Dostoievsky). Victoria (Joseph Conrad). Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (Bernal Díaz del Castillo). Cien años de soledad (García Márquez). Conversación en la catedral (Vargas Llosa). La familia de Pascual Duarte (Camilo José Cela). Tragedias (Sófocles). El jorobado (Feval). Tragedias (Eurípides). Relatos (F. Scott Fitzgerald). El buen soldado (Ford Madox Ford). El prisionero de Zenda (Hope). El gatopardo (Lampedusa). El americano impasible (Graham Greene). La cartuja de Parma (Stendhal). Viajes por Italia (Stendhal). Lord Jim (Conrad). Guerra y paz (Tolstoi). Biografías (Ludwig). Biografías y novelas (S. Zweig) La flecha de oro (Conrad). La línea de sombra (J. Conrad). La marcha de Radetzky (J. Roth). El conde de Montecristo (Dumas). Suave es la noche (F. Scott Fitzgerald). El gran Gatsby (F. S. Fiztgerald). París era una fiesta (Hemingway). Aventuras de Sherlock Holmes (Conan Doyle). “V” (Thomas Pynchon). Poderes terrenales (Anthony Burgess). Grandeza y decadencia de los romanos (Montesquieu). El halcón maltés (Dashiell Harnmet). La aventura equinocial de Lope de Aguirre (R. J. Sender)... (Continuará)

Arturo Pérez-Reverte El Semanal 20 de septiembre de 1998




Escena de Gatopardo

UNA BIBLIOTECA (II)

Conversaciones con Goethe (Eckermann). El Mediterráneo en tiempo de Felipe II (Braudel) La comedia humana (Balzac). Teatro completo (Moliére). Teatro completo (Moratín). Cantar del Mío Cid (Anónimo). La leyenda del Cid (Zorrilla). Ensayos filosóficos (Voltaire). Confesiones (J. J. Rousseau). Memorial de Santa Helena (Les Cases). Robinson Crusoe (Defoe). Memorias (Saint Simon). La Biblia en España (Borrow). Peter Pan (J. M. Barrie). El libro de la selva (Kipling). Memorias y máximas (La rochefoucault). Vida de los doce césares (Suetonio). Anales (Tácito). Ensayos (Montaigne). El espíritu de las leyes (Montesquieu). Los idus de marzo (Thorton Wilder). A.O. Barnabooth (Valery Larbaud). Memorias (Cardenal de Retz). El Criticón (Gracián). Coloquio de damas (Aretino). Historia universal (Polibio). Pensamientos (Pascal). El talismán (Walter Scott). Canción de Navidad (Dickens). La Ilíada (Homero). Alicia en el país de las maravillas (L. Carroll). Historia de dos ciudades (Dickens). Corazón (Edmundo d’Amicis). Epístolas morales (Séneca). Historia universal de la infamia (Borges). Artículos (Larra). Los años rusos (Nabokov). El nombre de la rosa (Umberto Eco). Papeles póstumos del club Pickwick (Dickens). Nostromo (J. Conrad). Los miserables (V. Hugo). Las flores del mal (Baudelaire). Cuentos (Edgar Allan Poe). Poesía completa (Antonio Machado). Los pilares de la tierra (Ken Follet). Poesía completa (Miguel Hernández). Viaje al fin de la noche (Celine). El extranjero (Camus). La peste (Camus). Un mundo feliz (Aldous Huxley). Memorias de Adriano (M. Yourcenar). El poder y la gloria (Graham Greene). Diario de un seductor (Soren Kierkegard). El lobo estepario (H. Hesse). Doctor Zhivago (Boris Pasternak). Lolita (Vladimir Nabokov). Desventuras del joven Werther (Goethe). El monje (Matthew Lewis). Melmoth el errabundo (Charles Maturin). El vellocino de oro (Robert Graves). La isla del tesoro (R.L. Stevenson). El siglo de las luces (Carpentier). Bomarzo (Mujica Laínez). Pedro Páramo (Juan Rulfo). Meditaciones (Marco Aurelio). La decadencia de Occidente (Spengler). El otoño de la Edad Media (Huizinga) Aventuras de Aubrev y Maturin (Patrick O’Brian). Frankenstein (M. Shelley). Drácula (Bram Stoker). El doctor Jekyll y míster Hyde (Stevenson). Mi vida (Benvenuto Cellini). Sonatas (Valle-Inclán). Rimas y leyendas (Bécquer). Vida del capitan Contreras (Alonso de Contreras). Don Juan Tenorio (Zorrilla). El alcalde de Zalamea (Calderón). Fuenteovejuna (Lope de Vega). El burlador de Sevilla (Tirso de Molina). Quo vadis (H. Sienkiewicz). 20.000 leguas de viaje submarino (Verne). Nuestra señora de París (Víctor Hugo). Tristam Shandy (Steerne). Nuestros antepasados (Italo Calvino). El cuarteto de Alejandría (L. Durrell). El primo Basilio (Eça de Queiroz). La colmena (Camilo José Cela). Cuentos (Chejov). Historia de la guerra del Peloponeso (Tucídides). Anábasis (Jenofonte). Poemas (Catulo). Satiricón (Petronio). Crónicas (Froissart). La muerte de Arturo (Mallory). El rey Arturo y sus nobles caballeros (Steinbeck). Odas (Horacio). Memorias (Casanova). Los nueve libros de la Historia (Herodoto). Diálogos (Platón). Tratados ético-morales (Aristóteles). Las metamorfosis (Ovidio). El príncipe (Maquiavelo). El cortesano (Castiglione). La Italia del renacimiento (Burckhart). Adriano VII (Barón Corvo). Decadencia y ruina del imperio romano (Gibbon). Viajes de Gulliver (Swift). Viaje a Italia (Goethe). Madame Bovary (Flaubert). El asesinato de Rogelio Ackroyd (Agatha Christie). La educación sentimental (Flaubert). Cándido (Voltaire). Zadig (Voltaire). Emilio (Rousseau). Confesiones (San Agustín). Olivares (Marañón). Olivares (Elliot). Felipe II (Kamen). Shogun (Clavell). Confesiones de un comedor de opio (Quincey). La juventud y la madurez de Enrique IV (Heinrich Mann). Los Buddenbrook (Thomas Mann). Los hermanos Karamazov (Dostoievsky). El jugador (Dostoievsky). El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares). Billy Budd (Melville). La roja insignia del valor (Stephen Crane). El talón de hierro (London). El negro del Narcissus (Conrad). Tifón (Conrad). Biografias (A. Maurois). El topo (Le Carré). Bizancio (R. J. Sender). La España musulmana (Sánchez Albornoz). Los 7 pilares de la sabiduría (T. E. Lawrence). Novelas ejemplares (Cervantes). Memorias (Talleyrand). Memorias (Fouché). Kaputt (Malaparte). Poesía completa (Campoamor). El puente de Alcántara (F. Baer). Vida de Cervantes (Astrana Marín)...

Arturo Pérez-Reverte El Semanal 27 de Septiembre de 1998

lunes, 15 de diciembre de 2008

LAS PRIMERAS SOTERRADAS


Uno de los más antiguos retratos de una mujer europea es una cabeza esculpida de marfil, hallada en Dolní Véstonice, hoy Checoslovaquia. La pequeña escultura, que data aproximadamente del 26.400 a.C., representa un rostro de mujer rematado por un moño de pelo (1). La mujer es de rasgos delicados y singulares, y su cabeza es la de un ser humano. La frente y la boca están desplazadas hacia la izquierda y su nariz tiene una pequeña abolladura en el extremo. Esta cabeza es única entre las muchas figurillas, utensilios y huesos hallados hace tiempo en (1) fue hallada en 1925 en Dolní Vestonice (Mikulov, Moravia, Chequia). Pertenece a la Cultura Pauloviana y está datada en 24000 años a.C. Se conserva en el Museo Moravo de Brno. Mide 10,5 cm. de altura., donde un grupo de unos 100 a 120 mujeres y hombres establecieron un asentamiento permanente durante el período más severo de la última glaciación. Vivían en cinco o seis grandes chozas, de 40 metros cuadrados cada una, y cazaban grandes animales –mamuts, caballos, renos- que vagaban alrededor del asentamiento. Construyeron sus casas junto a arroyos permanentes de agua, con fuego en su interior, donde cocinaban la carne y cocían los objetos de arcilla.



Venus Dolní Vestonice.

Trece años antes de que fuera descubierta la cabeza de marfil, en los alrededores se desenterró el esqueleto de una mujer cuyo cráneo tenía una magulladura en el lado izquierdo, que pudo haber producido el desplazamiento del rostro de la mujer de la escultura de marfil hacia la izquierda. El esqueleto bien pudo ser el de la mujer representada en marfil. La mujer inhumada, que según las estimaciones tenía unos cuarenta años y medía metro cincuenta y dos de alto, había sido cuidadosamente colocada en una tumba dispuesta en el extremo occidental del asentamiento. Yacía de costado, orientada hacia el oeste, con las piernas extendidas. Sobre su cuerpo se había espolvoreado ocre rojo y dos cuchillos de escápula de mamut, uno con líneas de dibujos irregulares incisas, estaban colocados sobre ella. Sus utensilios de piedra, y las zarpas y la cola de un zorro del ártico habían sido enterrados con ella, y en su mano derecha se encontraban los dientes del zorro. La tumba y la escultura de marfil es todo lo que ha perdurado de su vida, y proporcionan una fascinante visión de la existencia de una mujer hace cientos de miles de años.
Tales visiones de la vida humana en Europa antes de la invención de la escritura intrigaron a los escritores preocupados por la naturaleza y la sociedad humanas. ¿Era acaso una mujer por corriente? Es probable. El empleo del ocre y su postura funeraria eran comunes en esta época, pero los huesos de mamut no. ¿Qué significa la escultura? ¿Acaso gobernaba? ¿Era de alto rango? ¿Estaba sometida a los hombres de su grupo? ¿Existen modelos de naturaleza humana que nunca han cambiado? La ausencia de materiales escritos hace virtualmente imposible una respuesta certera a estas preguntas.

Sin embargo, el problema del rango de las mujeres en la prehistoria es importante, pues los más antiguos documentos escritos de griegos, romanos y hebreos muestran a las mujeres sometidas a los hombres. La razón más probable de este sometimiento es el desarrollo de la competencia y la guerra entre grupos, en general como respuesta a la presión de condiciones ecológicas y sociales compulsivas.

Durante muchos años se sobrevaloró la importancia de la caza –normalmente llevada a cabo por hombres-, porque las armas y los huesos perduraban, y figuraban de modo preeminente en las excavaciones arqueológicas. La recolección, por medio de la cual los pueblos cazadores se procuraban la mayor parte del alimento, estaba infravalorada, pues las cestas, los objetos para su transporte, las verduras y las frutas recolectadas no perduraban. Recientes estudios sobre los dientes de los primeros humanos demuestran que el grueso de su dieta lo constituían las verduras, posiblemente recolectadas por las mujeres del grupo. Pero no es posible conocer el rango de estas mujeres recolectoras. ¿Se las valoró mucho porque proporcionaban la mayoría de los alimentos del grupo o se consideraban normales porque procuraban el sustento cotidiano, en lugar del suplemento excepcional de proteínas animales? El mismo problema de interpretación se aplica a los objetos, en especial si no son de una utilidad evidente. Se puede suponer la función de hachas, agujas y cuchillos, pero la importancia de objetos como la cabeza de mujer esculpida en marfil sólo se puede adivinar.

Otras figurillas halladas en Dolní Véstonice plantean varias preguntas, pero ofrecen pocas respuestas: pendientes de hueso y marfil en forma de pechos, vulvas y penes; figuritas de arcilla que representan osas, rinocerontes, leonas y humanos. De todas las figuritas, la que ha recibido mayor atención por parte de los estudiosos es la pequeña estatuilla rojiza de arcilla de una figura femenina abstracta. La figura está de pie desnuda y carece de brazos, pies, nariz, boca, pelo o genitales. Sus antebrazos, ojos, columna vertebral, ombligo, piernas y nalgas están resaltados por profundas incisiones. Cuatro hendiduras también delinean su espalda, dos en cada lado de la columna vertebral. De su obeso cuerpo cuelgan dos grandes pechos y nacen anchos muslos.
Esta figurilla es un ejemplo de las llamadas “Venus” halladas en numerosos asentamientos europeos, desde España hasta Liberia, todas ellas datadas en un margen de unos pocos miles de años las unas de las otras. Se han hecho muchas especulaciones sobre ellas, la mayoría tan superficiales como las ideas que han permitido que estas figurillas se denominaran “Venus”. Han sido descritas como mujeres embarazadas y se las ha llamado objetos de fertilidad, a pesar de que sólo unas pocas están ostensiblemente embarazadas y los pueblos cazadores-recolectores tienden a limitar su fertilidad en lugar de ensalzarla. Ha sido denominadas diosas-madre, a pesar de no existir pruebas de lo que creían las gentes que las crearon. Estos objetos dicen al historiador muy poco sobre la mujer o su relación con el hombre en estas primeras sociedades.


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La mujer de Dolní Véstonice y las figurillas de “Venus” datan de principios de la edad de piedra europea, hace unos veinte mil años. Hasta el 6000 a.C., aproximadamente, los humanos del continente europeo vivían como sus antepasados de Dolní Véstonice, recolectando y cazando, mientras el clima se hacía más calido y las tundras daban paso a florestas y bosques. Otros asentamientos posteriores también realizaron curiosos objetos. Una cultura, en Lepensky Vir a las orillas del Danubio, colocaba en sus casas cantos rodados de granito amarillo esculpidos; algunos decorados con dibujos abstractos, otros esculpidos como criaturas pisciformes; uno tenía inciso el contorno de unos genitales femeninos. El significado de estos cantos rodados constituye un enigma. Otras culturas tempranas han dejado tras de su sí multitud de figurillas: pájaros, peces, mujeres, hombres, formas abstractas y objetos irreconocibles. Los intentos por clasificarlos y comprenderlos son mera especulación. Otros testimonios de pinturas rupestres y esculturas sugieren que al menos algunos de estos primeros pueblos del continente europeo comprendían tanto la función femenina, como la masculina en la reproducción. Los animales se apareaban de modo estacional, mostraban la copulación en primavera y a las hembras preñadas en verano. Si se adoraron mujeres o diosas en las más antiguas culturas europeas, este culto no descansaba en el supuesto control total de la mujer sobre la reproducción, como a menudo supusieron los primeros estudiosos.

Notas:

(1) Fue hallada en 192 en Dolni Vestonice (Mikulov, Moravia, Chequia). Pertenece a la Cultura Pauloviana y está datada en 26.400 años a.C. Se conserva en el Museo Moravo de Brno. Mide 10,5 cm. de altura.

sábado, 6 de diciembre de 2008

PATRIMONIO HISTÓRICO

En puridad, el término de -patrimonio- debería utilizarse siempre acompañado del adjetivo -histórico-, tal y como lo consagra la legislación española, o -cultural-, que aunque aparente lo contrario, es un calificativo más reducido que el anterior. También podría hablarse, como sinónimo, de -bien cultural-, término acuñado por la Comisión Franceschini (1964-66) en Italia y que en España sólo adquiere parcialmente categoría jurídica en la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985.

Aquí utilizaremos más a menudo el escueto término de -patrimonio-, en la seguridad de que se entenderá que con él se alude a todas las manifestaciones o conjuntos de manifestaciones, materiales e inmateriales, que definen la personalidad geohistórica de un pueblo o colectivo humano.

El concepto de patrimonio es, además de extenso, a veces demasiado vago, ya que desde sus orígnes se ha ido transformando constantemente. Su definición es compleja porque engloba, a su vez, dos términos difíciles de definir: patrimonio y cultura. El primero pertenece a una categoría económica y jurídica de larga tradición histórica que alude a la transmisión de bienes por parte de nuestros antepasados. Por su parte, cultural es todo el sistema de creencias, ideas y valores que comparte una comunidad. Leídos conjuntamente, -patrimonio- y -cultura-, suponen una selección y una jerarquización de modos culturales que hoy nos valen pero que mañana puede q nosotros mismos, como colectivo, no reconozcamos como tales. En definitiva, si esto ocurre es porque el patrimonio es una creación socio-cultural, no es natural ni tienen entidad propia, sino que varía temporal y geográficamente en tanto que se trata de una convención que elaboran los hombres.
Una vez aceptada la acepción sociológica como la principal del patrimonio, ha de hablarse de otro de sus valores: el identificativo. Ese valor simbólico está directamente relacionado con la representación de la identidad, siendo para ello necesario que se produzca previamente, en torno a él, una interpretación, mitificación o sacralización que dé sentido a esa identidad.


Toro de Osborne

Para algunos autores, el origen del concepto de patrimonio se encuentra, idealmente, en los mismos orígenes de la Humanidad, pues es entonces cuando surge la idea de trascendencia, de la continuidad y de la transmisión de conocimientos y de valores. Ahora bien, sus testimonios palpables serían, en el mundo occidental, tres instituciones cuyo origen sí podemos fechar en el tiempo: el museo, la biblioteca y el monumento. Por ello, de la misma menera que hay unanimidad a la hora de considerar a estas instituciones como las creadoras de la idea de patrimonio cultural -por su interés por la conservación y el coleccionismo de los testimonios del pasado de una comunidad-, la hay también sobre el hecho de que el actual concepto de patrimonio se ha gestado en los dos últimos siglos, coincidiendo con nuestra idea de la -modernidad-. Los motivos: a partir de la Ilustración se inicia, por un lado, el proceso de ampliación espacio-temporal de la cultura: por otro, el valor patrimonial alcanza una cierta proyección social.

Biblioteca Nacional de Bosnia

A finales del siglo XVIII comienza a difundirse en Europa la idea del patrimonio como riqueza colectiva y aparecen las primeras iniciativas públicas para el desarrollo de las Bellas Artes y de conservación del patrimonio a través de las Academias, los Museos y las normativas. En el siglo XIX y propiciado por el movimiento romántico, aparece una nueva idea: la de ligar el patrimonio con la identidad, todo ello en relación con la creación o el engrandecimiento de los estados nacionales. A finales del siglo XIX, el patrimonio había quedado ligado profundamente a los monumentos históricos, artísticos y, sobre todo, nacionales, aunque tiende a aparecer ya otra acepción, la de bien cultural en general, que amplía el concepto no sólo a los restos relacionados con los procesos históricos sino a cualquier otra manifestación del pasado de los hombres. De resultas de ello, una modesta fragua será vista, por vez primera, como un bien digno de conservación. Se paa de la idea de -monumento- a la de -bien cultura-. El proceso culmina en el siglo XX y consiste en la patrimonialización total de la cultura como consecuencia de la búsqueda, en el pasado representado por el patrimonio, de una identidad en parte destruida por los nuevos métodos de producción y por la degradación del entorno tradicional, además de por otros fenómenos, trágicos y puntuales, como las dos grandes guerras mundiales. Según Giddens, fue la pérdida de referentes espaciales y temporales la que hizo necesaria una vinculación con el pasado que permitiera a la sociedad su identificación como grupo. El pasado se constituyó así, en las sociedades desarrolladas, en una forma de identificación, al mismo tiempo que resultaba una manera de reaccionar ante la pérdidade la continuidad cultural. A partir de este momento se tomaría conciencia oficial de la importancia de su párdida (La UNESCO y sus convenciones, como la de La Haya de 1954, abogaron ya por la protección de los "bienes culturales" en caso de conflicto bélico).

En paralelo, el concepto de patrimonio seguía por entonces tendiendo hacia la universalización. Se vió en iniciativas que comenzaron con la citada Comisión Franceschini y culminaron con la ampliación del patrimonio en otras muchas direcciones, como la no material. Este proceso no se ha cerrado aún, como se reflejó en el tema escogida para la 21ª Conferencia General y 22ª Asamblea General del ICOM, programadas para 2007 en Viena, bajo el lema de: -Los Museos y el Patrimonio Universal-.

En definitiva, el concepto de patrimonio se ha visto ampliado extraordinariamente; tanto, que hoy ha de hablarse de una -patrimonialización- de toda la cultura.
Los cambios sociales, políticos y económicos del último siglo e inicios del actual se han traducido en la incorporación de nuevos elementos al concepto del patrimonio. Debemos tener en cuenta, sin embargo, que la mayoría de estas tendencias no son otra cosa que la continuación de las ya existentes; sólo unas pocas son verdaderamente novedosas y producto de los nuevos tiempos. Se trata de las siguientes:

* Para empezar, se pasado de considerar el patrimonio como un bien eminentemente restringido a las élites intelectuales y cultivadas -por centrarse en el monumento, en la obra de arte...- a tenerlo como expresión de la cultura popular y de las técnicas tradicionales, por lo que puede hablarse de una tendencia a su -democratización-.

* Por otra parte, dos tendencias aparentemente contrapuestas, como son la globalización y la localización, se disputan hoy en día la ampliación del concepto de patrimonio. En cualquier caso, se separan del concepto "nacionalista" que caracterizó al patrimonio desde el siglo XIX y a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Han traído consigo tanto la homogeneización de la cultura como su efecto contrario, la diferenciación cultural, así como diversos grados de hibridación cultural, por que algunos prefieren aludir a este fenómeno con el término de -globalización-.

Como consecuencia direct de la globalización del patrimonio y de la cultura en general, se observa una tendencia hacia hacia la -desterritorialización- de éste, en el sentido de hacer posible que las relaciones del individuo con su entorno vayan más allá de los límites de un territorio concreto.

* Los valores asociados a expresiones orales y efímeras se han añadido a los valores del patrimonio tradicional de tipo material, por lo que en éste se respira hoy un cierto -espíritu inmaterial-.
* A los poderes públicos que tradicionalmente se han ocupado de la protección e incentivación del patrimonio, se añaden hoy algunas iniciativas particulares, locales o internacionales a favor de éste. Este fenómeno es un reflejo, ciertamente aún muy débil, de la sensibilización y de la -participación ciudadana- en relación con el patrimonio.

* La -patrimonialización de la Naturaleza- es también fruto de la modernidad y un fenómeno que ha siguido una evolución similar a la del patrimonio cultural. La intervención en el medio natural no puede separarse de la creación cultural, por lo que no es de extrañar que hayan coincidido finalmente los intereses en la defensa de ambos tipos de patrimonio.

* Por último, al ser el patrimonio considerado una parte del debate social y político, los ciudadanos se sienten legitimados a opinar sobre él y a intervenir en su conservación por lo que se está dando una cierta -politización- del mismo. Este hecho se plasma en la creación de movimientos asociacionistas de defensa del patrimonio, en general de carácter local.

viernes, 5 de diciembre de 2008

ÍBERAS

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Dama de Elche (Museo Arqueológico Nacional): siglo V a.C. – Presenta túnica, mantilla, manto, una tiara ceñida con diadema y dos grandes ruedas sobre las orejas para recoger el pelo y collares en el pecho) – Dama de Baza (Museo Arqueológico Nacional): siglo IV a.C – Sentada sobre un sillón de alas, está ricamente vestida con dos sayas y una túnica talar y ornada con grandes pendientes y collares típicos de la orfebrería ibérica - Dama del Cerro de los Santos (Museo Arqueológico Nacional): Lleva un vaso de ofrenda y aparece vestida con toca alta o mitra, túnica y manto.

La estructura social de las comunidades ibéricas mantenía, en el período de la conquista romana, una fuerte configuración matriarcal, como demuestra el hecho que, en la entrega de rehenes a los jefes militares púnicos o romanos, las mujeres fueran consideradas una garantía suficiente de la lealtad de los jefes tribales o nobles guerreros (con mayor frecuencia y valoración incluso que los hijos varones, que en principio, podrían parecer mas importantes para la transmisión de un linaje relacionado con el concepto de poder hereditario). Del estudio de las fuentes clásicas se deduce que el sistema matrimonial del mundo ibérico respondía a la idea de la monogamia, incluso entre las clases económica o políticamente importantes de la comunidad, por lo que la figura de la mujer (elemento vehicular de la estructura doméstica y transmisora del concepto hereditario mediante la procreación) debió ser considerada decisiva en el seno del grupo. El concepto de división sexual no puede aplicarse en lo referente a las formas de trabajo. Los cálculos teóricos relativos a la fuerza productiva y la superficie del área de captación en los sistemas de producción (basados en el cultivo intensivo y excedentario del cereal) indican claramente la necesidad de que todos los individuos que integran un grupo social participen en las tareas productivas, debía incluir necesariamente a las mujeres en edad de realizar un esfuerzo físico. En el terreno del culto y los rituales puede indicarse la existencia de una aparente igualdad respecto a la posición social de hombres y mujeres ante las divinidades.

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Representación escultórica de "Damas íberas" (Museo Arqueológico Nacional)

Los exvotos amortizados en los santuarios del área del sudeste y Andalucía representan tanto a hombres como mujeres, sin diferenciación en lo que respecta al tipo de vestimenta (túnicas, velos, personajes desnudos), ni de actitud (posición de las manos) o las ofrendas presentadas. Tan sólo existe una diferencia respecto a la ausencia de figuras femeninas armadas.


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Exvotos
(Museos Arqueológicos de Jaén y Linares)

domingo, 23 de noviembre de 2008

LA TABLA DE FLANDES


Descubrir un modo de ver las cosas y volcarlo a la letra para invitar a pensar a los lectores. Es la primera clave que me ofrece un camarada de aventuras como Arturo Pérez-Reverte. Para la aventura prefiero un equipaje ligero, por eso una edición de bolsillo es la más adecuada. Pequeña, flexible y dispuesta a la continua lectura en cualquier lugar y tiempo.Aunque el mapa no es el territorio. Desplegaré la grafía que ha sido adentrarse en La Tabla de Flandes (Alfaguara) Un mapa es algo selectivo, en él se deja de lado información y se plasma otra según las diferentes experiencias de cada uno de nosotros, advertiremos cosas muy distintas con la lectura. En principio he partido de tres ejes de coordenadas principales que han ido configurando la dimensión de la novela. Cada uno de estos ejes proyecta su propio espacio en el que se dibuja un plano a modo de tablero de ajedrez por el se mueven los personajes en cada uno de ellos. Gráficamente podría ser similar a un cubo Rubik pero con 64 escaques o casillas. La totalidad de la lectura crea un holograma en el que se van imbricando pasado, contemporaneidad y momento lector.


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Primer Eje

El pintor flamenco Pieter van Huys pinta en 1471 La partida de ajedrez, óleo sobre tabla. Era una escena doméstica en la que aparecen tres personajes:- Fernando Altenhoffen, duque de Ostenburgo- Beatriz de Borgoña, duquesa consorte- Roger de Arras, caballero del linaje de los Valois (Carlos VII Francia)Los dos caballeros de mediana edad y noble aspecto, a uno y otro lado de un tablero de ajedrez sobre el que se desarrolla una partida. En segundo plano, a la derecha y junto a una ventana ojival que enmarcaba un paisaje, una dama vestida de negro lee un libro, puesto sobre su regazo. Completan la escena los concienzudos detalles propios de la escuela flamenca, registrados con una perfección que rayaba en lo maniático: los muebles y adornos, el enlosado blanco y negro del suelo, el dibujo de las alfombras, incluso cierta grieta en el muro, o la sombra de un minúsculo clavo en una de las vigas del techo. El tablero y las piezas de ajedrez han sido ejecutados con idéntica precisión, del mismo modo que las facciones, manos y ropas de los personajes, cuyo realismo contribuye a la extraordinaria calidad del acabado con la viveza de los colores, apreciable a pesar del oscurecimiento producido por la oxidación del barniz original con el paso del tiempo (pg. 11)




La posición de las figuras es la que aparece en el cuadro corresponde a la imagen que acompaña el inicio de este eje. Entre los personajes se establece un triangulo que nos recuerda a la geometría artúrica.

Pieter van Huys pinta en 1471. La partida de ajedrez, óleo sobre tabla

Segundo Eje
A finales del siglo XX una joven restauradora descubre una inscripción oculta bajo la pintura del cuadro del primer eje. Tres palabras desveladas por la fotografía con rayos X: QUIS NECAVIT EQUITEM (¿Quién mató al caballero?)A partir de éste enigma se plantea el texto narrativo con su inicio, nudo y desenlace. La intriga se hace irresistible ante el avance de las posibilidades estéticas del misterio. Una partida de ajedrez hacia atrás marcarán paso a paso la lógica del juego. En esta trama narrativa intervienen un trio de personajes principales como son Julia (restauradora), César (tutor de la joven, anticuario) y Muñoz (el mejor ajedrecista del club Capablanca). Los personajes secundarios lo forman: el exnovio de Julia (catedrático de arte), el dueño del cuadro, galeristas relacionados con los ambientes artísticos y policias.

Tercer Eje

La relación del lector con la obra. Su enfrentamiento con algo que ya no pertenece al autor de la novela. En mi caso la dinámica lectora con La Tabla de Flandes se estableció a partir de tres hechos presenciales y mi posición ante ellos. El primero fue un cuadro de Pedro de Córdoba -La Anunciación- , una gran tabla de pintura flamenca de 1475 en la Mezquita-Catedral (Córdoba). El segundo sería la visita a la exposición itinerante este septiembre de El retrato del Renacimiento en el Museo del Prado. Y el tercero el no saber jugar bien al ajedrez.Arturo Pérez-Reverte entiende que el hecho estético, para existir, requiere la conjunción del lector y del texto; y que el entendimiento y solaz del lector son las máximas justificaciones del escritor. (J.M. de Prada). Se puede apreciar la tabla de estilo flamenco "La Anunciación", de Pedro de Córdoba (1475) en la imagen inferior.Esta obra tiene el atractivo que pueden encontrar los lectores que les guste escapar a la aventura, disfrutando de un juego de espejos sobre cuadriculas blanquinegras como la Alicia de Lewis Carroll. Hilvanando hechos entre el siglo XV y del XX con intrigas y misterios a resolver por un ajedrecista que deshace una partida planteada por un pintor cinco siglos atrás. Todo envuelto en un mundo de subastadores, anticuarios, restauradores y pintores; músicos, matemáticos, homosexuales e historiadores. La intertextualidad es una constante en toda la novela. El homo ludens del escritor plantea una complicidad con aquél que quiere establecerla y seguir más allá de una sola lectura o de otras de sus novelas. Referencias, citas que nos llevan a una Babel de tres mil años de cultura occidental.

Pedro de Córdoba. La Anunciación. Gran Tabla Flamenca. 1475 (Mezquita-Catedral) (Córdoba)


Da la sensación que la trama podría estar sacada de la realidad de cualquier diario matutino. Su lenguaje directo, preciso como un maestro de la palabra que calcula y trabaja cada pieza para que encaje a la perfección toda la obra. Lista para ser utilizada y no sólo contemplada. Yo diría que incluso habitada.Describe sucesos que serían difícilmente superados en un lienzo. Un ejemplo es la muerte del caballero. Es de una belleza de algo más que la sustitución de la realidad. Una agonía que me recordó a la escultura de El galo moribundo de la tumba de Atalo I o al también grabado de Durero El caballero, la muerte, el diablo y el azar (en la imagen).

El Gálata moribundo. Tumba de Atalo I 225 a.C. Copia en mármol

La novela entendida como una microfísica humana en la que la escena es un paisaje que va jugando desde la lógica tradicional-algebraica del pasado a una lógica más contemporánea o simbólica. Desde la matemática deductiva al isomorfismo actual. Nos sorprende con una paradoja que nos asalta cuando menos te lo esperas. Tres realidades emparentadas por la sedimentación de cinco siglos. La sospecha como indicio de algo que se ve de repente, pero que siempre ha estado ahí. Maravillosamente impalpable como un descubrimiento ilustrado. La exhumación de escenarios de entendimiento que hacen que no te sientas fuera de juego. Como una lámpara suspendida de una gran bóveda en silencio, en suspense. Y piensas como la protagonista “lo que no me mata me hace más fuerte”. Y esa inevitable voz que escucha el lector al leer – la percibo algo resfriada-.

Alberto Durero. El caballero, la muerte, el diablo y el azar Grabado. 1513

domingo, 16 de noviembre de 2008

LA BELLA DURMIENTE


El Museo Naval ‘se independiza’.La institución es una Bella Durmiente que espera aún la visita de muchos españoles. Ahora, con la exposición temporal de objetos de la Guerra de la independencia, saca brillo a sus joyas bicentenarias.


Ser vecino del Prado y de la Thyssen no es suficiente para que el Museo Naval sea popular, en un país que vive de espaldas al mar a pesar de sus 7.880 kilómetros de costa. Su modesta entrada, dentro del Cuartel General de la Armada, no guarda proporción con el valor de sus colecciones. La joya más valiosa del Museo Naval es el Mapamundi que Juan de la Cosa pintó sobre un pergamino en 1500 para los Reyes Católicos, expuesto en el centro de la sala principal dedicada al Descubrimiento de América.


Carta universal de Juan de la Cosa

Peculiares son las numerosas maquetas de barcos de toda época, muchas de las cuales no sólo son únicas, sino también previas a la construcción del barco, porque se realizaban para presentar los proyectos y logar que recibieran la aprobación de los monarcas.


Modelo. Galeón del siglo XVI

Adaptándose al estilo de otros museos, el Naval acoge, desde el pasado 31 de mayo y hasta el próximo 15 de enero, una exposición temporal, dedicada en este caso a la Guerra de Independencia en su bicentenario.
La primera acción de la Armada contra Napoleón fue previa al Dos de Mayo. Ya en febrero, Cayetano Valdés se negó a obedecer la orden de llevar sus barcos a Tolón, y los llevó a Mahón, Menorca, isla que los ingleses habían devuelto a España apenas seis años antes. En el propio Dos de Mayo, la Armada está presente en el bando de Móstoles, redactado, además de por su alcalde, por el auditor general del Almirantazgo, Juan Pérez Villamil. En las calles de Madrid, se batió contra los franceses una compañía de granaderos de Marina.
Antes de Trafalgar (1805), la Real Armada contaba con 247 barcos; en 1808 todavía eran 221, pero su estado era lamentable. Los marinos echan mano, al comenzar la guerra, de pequeñas lanchas cañoneras y de la artillería de costa para asediar en Cádiz a la escuadra del almirante francés Rosily, que se rinde en junio de 1808. Precisamente para liberar a esta escuadra de cinco navíos y una fragata, que estaban en Cádiz desde el combate de Trafalgar, había enviado Napoleón a Dupont con el ejército que fue derrotado en Bailén.

La ayuda inglesa

También en 1808 es apresado en Vigo el navío francés Atlas. El Museo Naval conserva el estandarte que le donó Napoleón. Pero sin duda el hecho decisivo es la alianza con los antiguos enemigos británicos, que otorga a los españoles el dominio del mar, hasta el punto de que José I será un rey sin Armada.
Las fuerzas aliadas inglesas desembarcan en España sin encontrar oposición francesa: Spencer con 45.000 hombres en julio; Wellesley (futuro Lord Wellington) con 9.000 en agosto; y en septiembre otros tres generales. En octubre llegan a Santander, en barcos británicos, 9.000 de los 14.000 soldados con los que el Marqués de la Romana marchado al servicio de Napoleón para conquistar Dinamarca.

Retirada y victoria

En 1809, con la llegada de Napoleón al frente de sus ejércitos, la Armada protagoniza las operaciones que permiten a los ingleses retirarse e incluso reconquistar Galicia. Mientras los barcos que no pueden combatir son enviados a lugar seguro (América o Mahón), más de 200 lanchas cañoneras hacen posible que Cádiz sobreviva a un asedio y que en ella se reúnan las Cortes que darán a España su primera Constitución en 1812. A partir de ese año, y con Napoleón embarcado en la aventura rusa, soplan vientos de victoria para los aliados en la Península. La toma de Santander mediante ataques por mar y tierra facilita la victoria de Arapiles en julio. En agosto, Wellington entra en Madrid. La toma de Valencia obliga a nuestra Armada a trasladar su base a Alicante, donde son desembarcados 4.800 españoles venidos de Menorca. El 24 de agosto termina el cerco de Cádiz. En noviembre de 1813 ya se combate en territorio francés al oeste del Pirineo, mientras que en el este fracasa un desembarco en Salou y en cambio se obliga a los franceses a salir de Tarragona.
En 1814 termina la Guerra y la Armada tiene 112 barcos, de los cuales sólo 25 son navíos y 18 fragatas. Por hablar sólo de las grandes unidades, en la Guerra se perdieron 17 navíos (barcos con varias líneas o baterías de cañones superpuestas) y 12 fragatas (una sola batería por amura). La Armada había jugado un papel protagonista desde el principio, como lo muestra el que, hasta que en 1810 se formara el Consejo de Regencia, gobernara la Junta Suprema Central el que había sido ministro de Marina de Fernando VII, Antonio de Escaño.

Prisioneros

La exposición temporal organizada por el Museo Naval incluye tres modelos de navíos llamados de prisioneros por haber sido construidos por marinos franceses prisioneros en Inglaterra durante las guerras napoleónicas (1799-1815). Están construidos a base de huesecillos de la comida y, presuntamente, los vendían precisamente para obtener a cambio comida.
La exposición incluye armamento, piezas de uniforme, un ejemplar del Toisón de Oro (única condecoración que José I mantuvo vigente), las banderas de un regimiento bonapartista español (el de Málaga número 6) y del navío francés Heros (uno de los tomados a Rosily). En poco más que una sala y un pasillo, se da un rápido repaso a una página importante de nuestra historia. Con piezas antiguas y de notable significado, como la mesa en la que se supone que Murat firmó los fusilamientos del Tres de Mayo, y otras más modernas como las miniaturas de soldados regaladas por Arturo Pérez-Reverte.


Funte: La Gaceta. 14.11.2008

jueves, 13 de noviembre de 2008

LA BIBLIOTECA DE BORGES

La arquitectura de una Biblioteca la concibe Borges como un espacio mágico dentro y fuera de su ficción y de su vida. La llama Babel. En ella no hace sino cambiar la palabra -biblioteca- por -universo-. Borges parte del pensamiento de Pascal "L'univers c'est une sphére dont le centre est partout, la circonférence nulle part". Le sirve para construir la base del espacio de la Biblioteca, como una estructura imposible de representar a pesar de las connotaciones de precisión que contiene la referencia a una figura geométrica tan fácilmente visualizable como es la esfera. El espacio así es a la vez precioso y absolutamente indefinido ya que pudiendo estar su centro en cualquier hexágono -careciendo pues de centro unívoco- su límite queda igualmente indefinido al no poderse trazar el arco de la circunferencia.



Todo el espacio se define en sus justas dimensiones, con descripciones concretas y precisas, yuxtapuestas en imágenes que se van concatenando hasta dar una imagen global en un procedimiento próximo al modo de narrar cinematográfico. Los objetos arquitectónicos utilizan como referente escalar al hombre: lo pozos de ventilación son vastos; las barandillas, bajísimas; la altura de las galerías, apenas un poco más altas que un bibliotecario normal; los zaguanes, angostos y los gabinetes, minúsculos. Esa imagen es solamente un fragmento infinitesimal de un espacio infinito.

La infinitud de la Biblioteca es la que sirve para caracterizarla como laberinto, como espacio destinado al engaño y a la desorientación. En una estructura compleja, pero finita, podemos acabar descubriendo sus leyes de composición. En la Biblioteca, lo que causa espanto es que la yuxtaposición de prismas hexagonales y cuadrados se extienda infinitamente, a lo largo y a lo ancho, hacia arriba y hacia abajo, rellenando todo el espacio. La razón es que el concepto de infinito es extraño al hombre, va más allá de lo que los sentidos pueden percibir, no es más que un recurso que sólo tiene sentido en el razonamiento abstracto o en el cálculo matemático. El espacio que interesará no es el de la representación sino el de la sugerencia. Si hasta donde la vista puede alcanzar se suceden las galerías hexagonales y los pozos que se abisman, ¿qué importa si es infinito o no el espacio, puesto que en la percepción sí lo es?
La Torre de Babel de Pierre el Viejo. 1563. Museo Kunsthistorisches, Viena

La arquitectura proporciona, utilizando recursos similares a los de Borges -las recurrencias, la yuxtaposición de elementos iguales, la ausencia de centro- la misma sensación de infinitud que produce la lectura del cuento. Por ejemplo, un edificio tan famoso como la Mezquita de Córdoba, podría ilustrar muchos de los elementos espaciales de la Biblioteca Borgiana. Si examinamos la planta, veremos que el orden de las columnas es el mismo en las dos direcciones: todas están situadas a distancias iguales definiendo una trama uniforme. Esto hace que no exista un recorrido principal, ni tampoco un centro. La regularidad del intercolumnio y la entrada de luz, uniformemente repartida, así como la altura constante, no privilegia ningún espacio frente a otro. La uniformidad se consigue a pesar de que el columnario procede de otros edificios y presenta peculiaridades en calidad, color y diseño de fustes y capiteles, ya que estos aspectos quedan minimizados frente al orden general (también los libros de la Biblioteca de Borges son diferentes). En principio, cualquier mezquita serviría como ilustración, si no reparásemos más que en la estructura o en la disposición en planta de los soportes, pero hay que hacer otras consideraciónes. En la de Córdoba, la sencillez de la doble arcada, la primera de herraduray la segunda en medio punto, además de aligerar la cubrición permite que la vista resbale por las superficies tersas de la cubierta; la delgadez de los soportes permite tener un espacio diáfano y su sección circular consigue que no privilegie ninguna dirección. Todo el diseño del espacio impide la orientación de modo que, si pudiéramos despertarnos de pronto en el centro de la Mezquita, sin saber que el edificio está acotado en un rectángulo, sentiríamos la sensacion de estar en un espacio que se extiende indifinidamente en todas direcciones.

Fuente: Cristina Grau. Borges y la arquitectura. 1989.

EL TIEMPO, GRAN ESCULTOR.

La erosión debida a los elementos y a la brutalidad de los hombres se unen para crear una apariencia sin igual que recuerda a un bloque de piedra debastado por las olas. Alguna de estas modificaciones son sublimes y añaden una belleza involuntaria, asomada a los avatares de la historia, debida a los efectos de las causas naturales y del tiempo. La Victoria de Samotracia es ahora menos mujer y más viento de mar y cielo...