UNA BIBLIOTECA (I)Escena de Gatopardo
UNA BIBLIOTECA (I)

Venus Dolní Vestonice.
Trece años antes de que fuera descubierta la cabeza de marfil, en los alrededores se desenterró el esqueleto de una mujer cuyo cráneo tenía una magulladura en el lado izquierdo, que pudo haber producido el desplazamiento del rostro de la mujer de la escultura de marfil hacia la izquierda. El esqueleto bien pudo ser el de la mujer representada en marfil. La mujer inhumada, que según las estimaciones tenía unos cuarenta años y medía metro cincuenta y dos de alto, había sido cuidadosamente colocada en una tumba dispuesta en el extremo occidental del asentamiento. Yacía de costado, orientada hacia el oeste, con las piernas extendidas. Sobre su cuerpo se había espolvoreado ocre rojo y dos cuchillos de escápula de mamut, uno con líneas de dibujos irregulares incisas, estaban colocados sobre ella. Sus utensilios de piedra, y las zarpas y la cola de un zorro del ártico habían sido enterrados con ella, y en su mano derecha se encontraban los dientes del zorro. La tumba y la escultura de marfil es todo lo que ha perdurado de su vida, y proporcionan una fascinante visión de la existencia de una mujer hace cientos de miles de años.
Tales visiones de la vida humana en Europa antes de la invención de la escritura intrigaron a los escritores preocupados por la naturaleza y la sociedad humanas. ¿Era acaso una mujer por corriente? Es probable. El empleo del ocre y su postura funeraria eran comunes en esta época, pero los huesos de mamut no. ¿Qué significa la escultura? ¿Acaso gobernaba? ¿Era de alto rango? ¿Estaba sometida a los hombres de su grupo? ¿Existen modelos de naturaleza humana que nunca han cambiado? La ausencia de materiales escritos hace virtualmente imposible una respuesta certera a estas preguntas.
Sin embargo, el problema del rango de las mujeres en la prehistoria es importante, pues los más antiguos documentos escritos de griegos, romanos y hebreos muestran a las mujeres sometidas a los hombres. La razón más probable de este sometimiento es el desarrollo de la competencia y la guerra entre grupos, en general como respuesta a la presión de condiciones ecológicas y sociales compulsivas.
Durante muchos años se sobrevaloró la importancia de la caza –normalmente llevada a cabo por hombres-, porque las armas y los huesos perduraban, y figuraban de modo preeminente en las excavaciones arqueológicas. La recolección, por medio de la cual los pueblos cazadores se procuraban la mayor parte del alimento, estaba infravalorada, pues las cestas, los objetos para su transporte, las verduras y las frutas recolectadas no perduraban. Recientes estudios sobre los dientes de los primeros humanos demuestran que el grueso de su dieta lo constituían las verduras, posiblemente recolectadas por las mujeres del grupo. Pero no es posible conocer el rango de estas mujeres recolectoras. ¿Se las valoró mucho porque proporcionaban la mayoría de los alimentos del grupo o se consideraban normales porque procuraban el sustento cotidiano, en lugar del suplemento excepcional de proteínas animales? El mismo problema de interpretación se aplica a los objetos, en especial si no son de una utilidad evidente. Se puede suponer la función de hachas, agujas y cuchillos, pero la importancia de objetos como la cabeza de mujer esculpida en marfil sólo se puede adivinar.
Otras figurillas halladas en Dolní Véstonice plantean varias preguntas, pero ofrecen pocas respuestas: pendientes de hueso y marfil en forma de pechos, vulvas y penes; figuritas de arcilla que representan osas, rinocerontes, leonas y humanos. De todas las figuritas, la que ha recibido mayor atención por parte de los estudiosos es la pequeña estatuilla rojiza de arcilla de una figura femenina abstracta. La figura está de pie desnuda y carece de brazos, pies, nariz, boca, pelo o genitales. Sus antebrazos, ojos, columna vertebral, ombligo, piernas y nalgas están resaltados por profundas incisiones. Cuatro hendiduras también delinean su espalda, dos en cada lado de la columna vertebral. De su obeso cuerpo cuelgan dos grandes pechos y nacen anchos muslos.
Esta figurilla es un ejemplo de las llamadas “Venus” halladas en numerosos asentamientos europeos, desde España hasta Liberia, todas ellas datadas en un margen de unos pocos miles de años las unas de las otras. Se han hecho muchas especulaciones sobre ellas, la mayoría tan superficiales como las ideas que han permitido que estas figurillas se denominaran “Venus”. Han sido descritas como mujeres embarazadas y se las ha llamado objetos de fertilidad, a pesar de que sólo unas pocas están ostensiblemente embarazadas y los pueblos cazadores-recolectores tienden a limitar su fertilidad en lugar de ensalzarla. Ha sido denominadas diosas-madre, a pesar de no existir pruebas de lo que creían las gentes que las crearon. Estos objetos dicen al historiador muy poco sobre la mujer o su relación con el hombre en estas primeras sociedades.
La mujer de Dolní Véstonice y las figurillas de “Venus” datan de principios de la edad de piedra europea, hace unos veinte mil años. Hasta el 6000 a.C., aproximadamente, los humanos del continente europeo vivían como sus antepasados de Dolní Véstonice, recolectando y cazando, mientras el clima se hacía más calido y las tundras daban paso a florestas y bosques. Otros asentamientos posteriores también realizaron curiosos objetos. Una cultura, en Lepensky Vir a las orillas del Danubio, colocaba en sus casas cantos rodados de granito amarillo esculpidos; algunos decorados con dibujos abstractos, otros esculpidos como criaturas pisciformes; uno tenía inciso el contorno de unos genitales femeninos. El significado de estos cantos rodados constituye un enigma. Otras culturas tempranas han dejado tras de su sí multitud de figurillas: pájaros, peces, mujeres, hombres, formas abstractas y objetos irreconocibles. Los intentos por clasificarlos y comprenderlos son mera especulación. Otros testimonios de pinturas rupestres y esculturas sugieren que al menos algunos de estos primeros pueblos del continente europeo comprendían tanto la función femenina, como la masculina en la reproducción. Los animales se apareaban de modo estacional, mostraban la copulación en primavera y a las hembras preñadas en verano. Si se adoraron mujeres o diosas en las más antiguas culturas europeas, este culto no descansaba en el supuesto control total de la mujer sobre la reproducción, como a menudo supusieron los primeros estudiosos.

Biblioteca Nacional de Bosnia
A finales del siglo XVIII comienza a difundirse en Europa la idea del patrimonio como riqueza colectiva y aparecen las primeras iniciativas públicas para el desarrollo de las Bellas Artes y de conservación del patrimonio a través de las Academias, los Museos y las normativas. En el siglo XIX y propiciado por el movimiento romántico, aparece una nueva idea: la de ligar el patrimonio con la identidad, todo ello en relación con la creación o el engrandecimiento de los estados nacionales. A finales del siglo XIX, el patrimonio había quedado ligado profundamente a los monumentos históricos, artísticos y, sobre todo, nacionales, aunque tiende a aparecer ya otra acepción, la de bien cultural en general, que amplía el concepto no sólo a los restos relacionados con los procesos históricos sino a cualquier otra manifestación del pasado de los hombres. De resultas de ello, una modesta fragua será vista, por vez primera, como un bien digno de conservación. Se paa de la idea de -monumento- a la de -bien cultura-. El proceso culmina en el siglo XX y consiste en la patrimonialización total de la cultura como consecuencia de la búsqueda, en el pasado representado por el patrimonio, de una identidad en parte destruida por los nuevos métodos de producción y por la degradación del entorno tradicional, además de por otros fenómenos, trágicos y puntuales, como las dos grandes guerras mundiales. Según Giddens, fue la pérdida de referentes espaciales y temporales la que hizo necesaria una vinculación con el pasado que permitiera a la sociedad su identificación como grupo. El pasado se constituyó así, en las sociedades desarrolladas, en una forma de identificación, al mismo tiempo que resultaba una manera de reaccionar ante la pérdidade la continuidad cultural. A partir de este momento se tomaría conciencia oficial de la importancia de su párdida (La UNESCO y sus convenciones, como la de La Haya de 1954, abogaron ya por la protección de los "bienes culturales" en caso de conflicto bélico).
Exvotos (Museos Arqueológicos de Jaén y Linares)


Pieter van Huys pinta en 1471. La partida de ajedrez, óleo sobre tabla
Pedro de Córdoba. La Anunciación. Gran Tabla Flamenca. 1475 (Mezquita-Catedral) (Córdoba)
El Gálata moribundo. Tumba de Atalo I 225 a.C. Copia en mármol
Alberto Durero. El caballero, la muerte, el diablo y el azar Grabado. 1513




Adaptándose al estilo de otros museos, el Naval acoge, desde el pasado 31 de mayo y hasta el próximo 15 de enero, una exposición temporal, dedicada en este caso a la Guerra de Independencia en su bicentenario.
La ayuda inglesa
También en 1808 es apresado en Vigo el navío francés Atlas. El Museo Naval conserva el estandarte que le donó Napoleón. Pero sin duda el hecho decisivo es la alianza con los antiguos enemigos británicos, que otorga a los españoles el dominio del mar, hasta el punto de que José I será un rey sin Armada.
Las fuerzas aliadas inglesas desembarcan en España sin encontrar oposición francesa: Spencer con 45.000 hombres en julio; Wellesley (futuro Lord Wellington) con 9.000 en agosto; y en septiembre otros tres generales. En octubre llegan a Santander, en barcos británicos, 9.000 de los 14.000 soldados con los que el Marqués de la Romana marchado al servicio de Napoleón para conquistar Dinamarca.
Retirada y victoria
En 1809, con la llegada de Napoleón al frente de sus ejércitos, la Armada protagoniza las operaciones que permiten a los ingleses retirarse e incluso reconquistar Galicia. Mientras los barcos que no pueden combatir son enviados a lugar seguro (América o Mahón), más de 200 lanchas cañoneras hacen posible que Cádiz sobreviva a un asedio y que en ella se reúnan las Cortes que darán a España su primera Constitución en 1812. A partir de ese año, y con Napoleón embarcado en la aventura rusa, soplan vientos de victoria para los aliados en la Península. La toma de Santander mediante ataques por mar y tierra facilita la victoria de Arapiles en julio. En agosto, Wellington entra en Madrid. La toma de Valencia obliga a nuestra Armada a trasladar su base a Alicante, donde son desembarcados 4.800 españoles venidos de Menorca. El 24 de agosto termina el cerco de Cádiz. En noviembre de 1813 ya se combate en territorio francés al oeste del Pirineo, mientras que en el este fracasa un desembarco en Salou y en cambio se obliga a los franceses a salir de Tarragona.
En 1814 termina la Guerra y la Armada tiene 112 barcos, de los cuales sólo 25 son navíos y 18 fragatas. Por hablar sólo de las grandes unidades, en la Guerra se perdieron 17 navíos (barcos con varias líneas o baterías de cañones superpuestas) y 12 fragatas (una sola batería por amura). La Armada había jugado un papel protagonista desde el principio, como lo muestra el que, hasta que en 1810 se formara el Consejo de Regencia, gobernara la Junta Suprema Central el que había sido ministro de Marina de Fernando VII, Antonio de Escaño.
Prisioneros
La exposición temporal organizada por el Museo Naval incluye tres modelos de navíos llamados de prisioneros por haber sido construidos por marinos franceses prisioneros en Inglaterra durante las guerras napoleónicas (1799-1815). Están construidos a base de huesecillos de la comida y, presuntamente, los vendían precisamente para obtener a cambio comida.
La exposición incluye armamento, piezas de uniforme, un ejemplar del Toisón de Oro (única condecoración que José I mantuvo vigente), las banderas de un regimiento bonapartista español (el de Málaga número 6) y del navío francés Heros (uno de los tomados a Rosily). En poco más que una sala y un pasillo, se da un rápido repaso a una página importante de nuestra historia. Con piezas antiguas y de notable significado, como la mesa en la que se supone que Murat firmó los fusilamientos del Tres de Mayo, y otras más modernas como las miniaturas de soldados regaladas por Arturo Pérez-Reverte.

La arquitectura de una Biblioteca la concibe Borges como un espacio mágico dentro y fuera de su ficción y de su vida. La llama Babel. En ella no hace sino cambiar la palabra -biblioteca-
Todo el espacio se define en sus justas dimensiones, con descripciones concretas y precisas, yuxtapuestas en imágenes que se van concatenando hasta dar una imagen global en un procedimiento próximo al modo de narrar cinematográfico. Los objetos arquitectónicos utilizan como referente escalar al hombre: lo pozos de ventilación son vastos; las barandillas, bajísimas; la altura de las galerías, apenas un poco más altas que un bibliotecario normal; los zaguanes, angostos y los gabinetes, minúsculos. Esa imagen es solamente un fragmento infinitesimal de un espacio infinito.
La infinitud de la Biblioteca es la que sirve para caracterizarla como laberinto, como espacio destinado al engaño y a la desorientación. En una estructura compleja, pero finita, podemos acabar descubriendo sus leyes de composición. En la Biblioteca, lo que causa espanto es que la yuxtaposición de prismas hexagonales y cuadrados se extienda infinitamente, a lo largo y a lo ancho, hacia arriba y hacia abajo, rellenando todo el espacio. La razón es que el concepto de infinito es extraño al hombre, va más allá de lo que los sentidos pueden percibir, no es más que un recurso que sólo tiene sentido en el razonamiento abstracto o en el cálculo matemático. El espacio que interesará no es el de la representación sino el de la sugerencia. Si hasta donde la vista puede alcanzar se suceden las galerías hexagonales y los pozos que se abisman, ¿qué importa si es infinito o no el espacio, puesto que en la percepción sí lo es?
La Torre de Babel de Pierre el Viejo. 1563. Museo Kunsthistorisches, VienaLa arquitectura proporciona, utilizando recursos similares a los de Borges -las recurrencias, la yuxtaposición de elementos iguales, la ausencia de centro- la misma sensación de infinitud que produce la lectura del cuento. Por ejemplo, un edificio tan famoso como la Mezquita de Córdoba, podría ilustrar muchos de los elementos espaciales de la Biblioteca Borgiana. Si examinamos la planta, veremos que el orden de las columnas es el mismo en las dos direcciones: todas están situadas a distancias iguales definiendo una trama uniforme. Esto hace que no exista un recorrido principal, ni tampoco un centro. La regularidad del intercolumnio y la entrada de luz, uniformemente repartida, así como la altura constante, no privilegia ningún espacio frente a otro. La uniformidad se consigue a pesar de que el columnario procede de otros edificios y presenta peculiaridades en calidad, color y diseño de fustes y capiteles, ya que estos aspectos quedan minimizados frente al orden general (también los libros de la Biblioteca de Borges son diferentes). En principio, cualquier mezquita serviría como ilustración, si no reparásemos más que en la estructura o en la disposición en planta de los soportes, pero hay que hacer otras consideraciónes. En la de Córdoba, la sencillez de la doble arcada, la primera de herraduray la segunda en medio punto, además de aligerar la cubrición permite que la vista resbale por las superficies tersas de la cubierta; la delgadez de los soportes permite tener un espacio diáfano y su sección circular consigue que no privilegie ninguna dirección. Todo el diseño del espacio impide la orientación de modo que, si pudiéramos despertarnos de pronto en el centro de la Mezquita, sin saber que el edificio está acotado en un rectángulo, sentiríamos la sensacion de estar en un espacio que se extiende indifinidamente en todas direcciones.
Fuente: Cristina Grau. Borges y la arquitectura. 1989.