sábado, 10 de octubre de 2009

LAS TIENDAS DESAPARECIDAS

Cada vez que doy un paseo veo más tiendas cerradas. Algunas, las de toda la vida, habían sobrevivido a guerras y conmociones diversas. Eran parte del paisaje. De pronto, el escaparate vacío, el rótulo desapercido de la fachada, me dejan aturdido, como ocurre con las muerte súbitas o las desgracias inesperadas. Es una sensación de pérdida irreparable, aunque sólo haya echado vistazos al escaparate, sin entrar nunca. Otras de esas tiendas son negocios recientes: comercios abiertos hace un par de años, e incluso pocos meses; primero, los trabajos que precedían a la apertura, y después la inauguración, todo flamante, dueños y dependientes a la expectativa, esperanzados. Ahora paso por delante y advierto que los cristales están cubiertos y la puerta cerrada. Y me estremezco contagiado de la desilusión, la derrota que trasmite ese triste cristal pegado al cristal con las palabras se alquila o se traspasa.
En lo que va de año, la relación es como de una lista de bajas depués de un combate sangriento. Entre las que conozco hay una parafarmacia, dos tiendas de complementos, una de música clásica, una estupenda tienda de vinos, una ferretería, una tienda de historietas, tres de regalos, dos de muebles, cuatro anticuarios, una librería, dos buenas panaderías, una galería de arte, una sombrerería, una mercería e innumerables tiendas de ropa. También -ésa fue un golpe duro, por lo simbólico- una juguetería grande y bien surtida. Me gustaba entrar en ella, recobrando la vieja sensación que, quienes fuimos niños cuando no había televisión, ni videoconsola, ni nos habíamos vuelto todos -críos incluidos- completamente cibergilipollas, conservamos del tiempo en que una juguetería con sus muñecas, trenes, soldados, escopetas, cocinitas, caballos de cartón, disfraces de torero y juegos reunidos Geyper, era el lugar más fascinante del mundo.
Ahora hablamos de crisis cada día. Hasta los putos políticos y las putas políticas -que no es lo mismo que políticas putas, ahórrenme las putas cartas- lo hacen con la misma impavidez con que antes afirmaban lo contrario. En todo caso, una cosa es manejar estadísticas; y otra, pisar la calle y haber conocido esas tiendas una por una, recordando los rostros de propietarios y dependientes, su desasosiego en los últimos tiempos, la esperanza, menor cada día, de que alguien se parase ante el escaparate, se animara y entrase a comprar, sabiendo que de ese acto dependían el bienestar, el futuro, la familia. Haber presenciado tanta angustia diaria, la ausencia de clientes, el miedo a que tal o cual crédito no llegara, o a no tener con qué pagarlo. El saberse condenados y sin esperanza mientras, en las tiendas desiertas que con tanta ilusión abrieron, languidecían su trabajo y sus ahorros. Morían tantos sueños.
Eso es lo peor, a mi juicio. Lo imperdonable. Todas esas ilusiones deshechas, trituradas por políticos golfos y sindicalistas sobornados que todavía hablan de clase empresarial como si todos los empresarios españoles tuvieran yate en Cerdeña y cuenta en las islas Caimán. Ignorando las ilusiones deshechas de tanta gente con ideas y fuerza, que arriesgó, peleó para salir adelante, y se vio arrastrada sin remedio por la tragedia económica de los últimos tiempos y también por la irresponsabilidad criminal de quienes tuvieron la obligación de prevenirlo y no quisieron, y ahora tienen el deber de solucionarlo, pero ni pueden ni saben. De esa gentuza encantada consigo misma que no sólo carece de eficacia y voluntad, sino que sigue impasible como don Tancredo, procurando ni parpadear ante los cuernos del toro que corretea llevándose a todo cristo por delante. Un Gobierno cínico, demagogo, embustero hasta el disparate. Una oposición cutre, patética, tan corrupta y culpable de enjuagues ladrilleros que trajeron estos fangos, que resulta difícil imaginar que unas simples urnas cambien las cosas. Sentenciándonos, entre unos y otros, a ser un país sin tejido industrial ni empresarial, sin clase media, condenado al dinero negro, al subsidio laboral con trabajo paralelo encubierto y a la economía clandestina. Con mucho Berlusconi en el horizonte. Un rebaño analfabeto, sumiso, de albañiles, putas y camareros, donde los únicos que de verdad van a estar a gusto, sinvergüenzas aparte, serán los jubilados guiris, los mafiosos nacionales e importados, y los hooligans de viaje y tres noches de hotel, borrachera y vómito incluidos, por veinticinco euros. Para entonces, los responsables del desastre se habrán retirado confortablemente al cobijo de sus partidos, de sus varios sueldos oficiales, de sus pingües jubilaciones por los servicios prestados a sí mismos. A dar conferencias a Nueva York sobre cómo nos reventaron a todos, dejando el paisaje lleno de tiendas cerradas y de vidas con el rótulo se traspasa. Así que malditos sean su sangre y todos sus muertos. En otros tiempos, al menos tenías la esperanza de verlos colgados de una farola.


Arturo Pérez-Reverte. XLSemanal, 11 de octubre de 2009

6 comentarios:

Sianeta dijo...

Te sigo el rastro de la Patente hasta aquí, hasta la Trinchera, camarada. Me gusta el mapa que has puesto al final. Me trae muchos recuerdos. Incluso en Catalunya estos mapas colgaban de todas partes (el geográfico, el de los ríos, el político). Era genial.

Además de lo que he escrito en el foro, esta parte de la Patente referida a la juguetería:
"Me gustaba entrar en ella, recobrando la vieja sensación que, quienes fuimos niños cuando no había televisión, ni videoconsola, ni nos habíamos vuelto todos -críos incluidos- completamente cibergilipollas, conservamos del tiempo en que una juguetería con sus muñecas, trenes, soldados, escopetas, cocinitas, caballos de cartón, disfraces de torero y juegos reunidos Geyper, era el lugar más fascinante del mundo"

Es la que me ha llegado por un recuerdo personal. Había en mi barrio una tienda de juguetes donde máma me compraba los muñecos chilla-chilla. Así los llamaba yo. Eran pequeñitos, en forma de animales, y según cómo fuera el cole podía escoger uno al mes, más o menos. Cuando los apretabas hacían un ruido indescriptible que a mí me hacía mucha gracia. Chillaban, pero era gracioso. Por eso les puse ese nombre. Esas tiendas sí que me rompería un poco el corazón ver como se extinguen. Porque en realidad lo que me gustaría es que algunas cosas no cambiaran nunca.

Un abrazo, Koora

Sianeta dijo...

Releyendo la patente, me pregunto qué solución hay al panorama que tenemos. A tí se te ocurre algo Koora?

Isabel dijo...

Ja, ja, ja)))qué gracioso el nombre de los muñecos chilla-chilla.

En cuanto a lo que apuntas de la situación actual, cada tiempo tiene sus problemas y si no intentamos solucionarlos cada vez irá a peor. Como ya dije en el foro el caso de mi hermano Paco es un ejemplo de no rendirse y buscar una salida pero siempre en tu línea de acción.
Los políticos están siguiendo inercias y perjuicios que ya no tienen razón de ser y eso está creando desconcierto y desorden. La política cada vez más es un negocio para muchos que la ejercen y proyectan ese modelo en toda la sociedad.
Las listas abiertas podría ser una salida pero quién le pone el cascabel al gato ¿?
¿Tu qué opinas?

Sianeta dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sianeta dijo...

Yo creo que podría ser una solución, así se podría escoger. Y no sé, que la gente pudiéramos ver qué han hecho hasta ahora. Es cierto que los políticos nacen y se cuecen en el pueblo, y que pudiera ser un reflejo de cierta desidia general o de nuestra propia picaresca. Pero pienso que debe haber gente honrada metida en política, pencones y luchadores. Idealistas. Alguien habrá. También he pensado que la clave de muchas cosas se encuentra en la educación, siempre he creído que es un pilar básico en una sociedad.

A ver si encuentro una cita de Ramón y Cajal que habla de todo esto y te la paso, Koora. Era un visionario.

Anónimo dijo...

Como el panorama nacional siga así, la frase más acertada para hablar del futuro que nos espera será la que le dijo Coy a su amigo: "Esto se acaba, piloto."
Ojalá me equivoque.

Trini.

EL TIEMPO, GRAN ESCULTOR.

La erosión debida a los elementos y a la brutalidad de los hombres se unen para crear una apariencia sin igual que recuerda a un bloque de piedra debastado por las olas. Alguna de estas modificaciones son sublimes y añaden una belleza involuntaria, asomada a los avatares de la historia, debida a los efectos de las causas naturales y del tiempo. La Victoria de Samotracia es ahora menos mujer y más viento de mar y cielo...